Si realmente deseas renacer, la entrega es a morir.¿Te atreves?
La mayoría de veces, cuando escuchamos la palabra “morir”,
la mente se va directamente a la muerte física.
A dejar este plano.
A desaparecer para siempre.
Pero morir va mucho más allá de eso.
Morimos constantemente.
Cada día mueren millones de células en nuestro cuerpo.
Mueren emociones.
Creencias.
Formas de ver la vida.
Relaciones.
Proyectos.
Etapas enteras de quienes fuimos.
Y a veces, lo que muere no es el final en sí…
sino la forma.
Muere una manera de habitar algo
para que pueda nacer otra nueva.
Hay muertes que se quedan en lo superficial.
Y otras que, si te lo permites,
atraviesan lugares mucho más profundos.
Y entonces…
las cosas ya no suceden desde el mismo lugar dentro de ti.
También pueden morir partes de tu identidad.
Versiones de ti.
Maneras de reaccionar.
Viejos patrones.
Y, sinceramente,
cada vez siento más que esto es una de las cosas más sanas que podemos regalarnos en esta existencia:
dejarnos morir una y otra vez…
para poder renacer.
Soltar lo viejo.
Lo que ya no tiene vida.
Lo que ya no sostiene la persona que hoy somos.
Porque la vida no deja de actualizarse.
Y nosotras tampoco.
Entonces la pregunta es:
¿Desde dónde me muevo hoy?
¿Qué es eso que ahora mismo me hace cosquillear por dentro?
¿Qué ya no puedo sostener más?
¿Y qué parte de mí está pidiendo una nueva forma de existir?
A veces seguimos agarrándonos a cosas que ya están muertas.
Y el sufrimiento aparece justamente ahí:
en la resistencia.
¿A qué te estás resistiendo?
¿Qué pasaría si te permitieras sentir completamente la emoción de algo que se está muriendo en ti?
Quizá aparece vacío.
Incomodidad.
Silencio.
A mí me ayuda imaginar que ese vacío no está vacío realmente.
Está haciendo espacio.
Espacio para nuevos brotes.
Más frescos.
Más vivos.
Más alineados con quien eres hoy.
Porque para renacer…
primero hay que atreverse a morir. 🌿