¿Qué pasa cuando sientes que tu hij@ está absorbiendo tu malestar emocional ?
Lo notas en cosas pequeñas.
En una mirada más seria de lo habitual.
En un silencio que antes no estaba.
En una sensibilidad especial al ambiente.
En un síntoma de malestar físico.
En una falta de voluntad en las tareas.
Y entonces aparece algo muy humano:
LA CULPA
“Debería hacerlo mejor.”
“No tendría que notar estas cosas.”
“Los niños deberían ser felices.”
“ No puedo estar de mal humor”.
“Tengo que solucionar mis cosas lo antes posible para que no influyan sobre mi hijo”.
Como si nuestra tarea fuera construirles una infancia sin grietas.
Pero la vida —también la de los niñ@s— no funciona así.
Los hij@s no solo escuchan lo que decimos.
Sienten lo que pasa.
Perciben lo que circula en el aire emocional de la casa.
Y entonces llega el dilema.
Intentar protegerlos de todo,
o aceptar que también están viviendo su propia experiencia de vida.
A veces el impulso es salvarles.
Quitarles cualquier incomodidad.
Cerrar rápido aquello que duele.
Pero hay otra posibilidad más incómoda y más honesta.
Usar ese momento como una invitación a mirarte.
Preguntarte qué está pasando en ti.
Qué emociones están circulando.
Qué cosas quizá también necesitan ser atendidas.
No para cargar al niñ@ con lo tuyo.
Sino precisamente para hacerte responsable de ello.
Porque cuando un adult@ se mira,
algo en el ambiente también cambia.
Y el niñ@ aprende algo muy valioso:
que las emociones existen,
que se pueden atravesar,
y que no hace falta esconderlas para seguir queriéndose.
Nuestros hij@s no necesita una familia perfecta.
Necesita una familia real,
con matices,
con momentos fáciles y otros más difíciles.
Eso también forma parte de su historia.
De su aprendizaje.
De su manera de entender el mundo.
Nuestra tarea no es salvarle de todo.
Es acompañarlo mientras descubre su propio camino.
Y, a veces, en ese proceso,
también descubrimos algo importante sobre nosotras.
Porque criar a un hij@ no consiste en enseñarle a vivir.
La vida ocurre por si misma, el crecimiento sucede.
Lo que sí podemos hacer es ofrecer presencia, sostén y un lugar seguro desde donde pueda seguir connectado a quién ya es.
Y, cuando notas que algo en tu hij@ se mueve hacia la incomodidad,
antes de correr a cambiarlo o resolverlo,
quizá puedas preguntarte qué se está moviendo también en ti.
Porque criar a un hij@ también es una de las formas más profundas
de aprender a mirarnos.
Cuando algo se mueve en tu hij@,
¿te culpas o te escuchas?